El Acceso al Agua es un Derecho Humano

El bien común no puede ser mercantilizado ni objeto de especulación.


A inicios de diciembre de 2020, una noticia con poca relevancia en los medios masivos internacionales daba cuenta de que «El agua ha comenzado a cotizar en el mercado financiero de derivados futuro de materias primas».
Las opiniones a favor aseguraron que los contratos bajo ese instrumento financiero, permitirían una mejor gestión del riego, regulando la escasez del agua, mejorando la correlación entre la oferta y la demanda. Se mencionó que esta “herramienta” bursátil, sólo se aplica al agua del estado de California en EE.UU y que «lo que se cotiza es el precio futuro del agua, no el agua misma”.


La afirmación anterior sólo puede provenir de las grandes corporaciones financieras como la primera en impulsar estos contratos, la CME Group (Chicago Mercantile Exchange) o de quienes ignoran la dinámica de corrupción sistémica en la economía mundial, con su posterior impacto sobre el costo de las materias primas que tienen estos artilugios financieros.
Todos sabemos la importancia esencial que tiene para la vida, el desarrollo humano y todo el ecosistema el agua. Está generalizado a nivel mundial que las leyes establezcan que el agua es un bien de uso público. En los hechos y bajo la economía capitalista, acentuada por el impulso de la versión neoliberal, el agua ha pasado a ser una mercancía más con la que se lucra financieramente.


El ejemplo de Chile en el manejo del agua, es por el momento un caso de violencia extrema a nivel mundial. El neoliberalismo se aplicó por primera vez en el mundo en ese país, durante la dictadura genocida al mando de Augusto Pinochet. El siniestro dictador fue entre otras cosas un títere de la llamada escuela económica de Chicago, una usina doctrinaria del modelo neoliberal. En la constitución decretada por Pinochet en 1980 se afirma en el artículo 24 “Los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”. Este marco legal es un caso emblemático internacional del avance extremo en la privatización del agua.


La decisión actual del ingreso del agua como un bien para la especulación financiera, es un paso negativo más que sigue la línea del más crudo capitalismo financiero que comenzó a practicarse a nivel mundial en los años 70 del siglo pasado, primero con Pinochet en Chile y luego con Thatcher y Reagan en Reino Unido y los EE.UU.
El agua ha comenzado a recorrer el camino financiero iniciado por los alimentos hace tres décadas atrás. En 1991 en el marco de un neoliberalismo en expansión, la corporación Goldman Sachs decidió que el pan y otros alimentos de cada día, podían ser un buen negocio para «el mundo de la finanzas». Transformaron la comida en una abstracción financiera, seleccionaron más de una quincena de ingredientes que podían convertirse en commodities negociables en el mercado financiero y prepararon «productos financieros» con cerdos, café, cacao, soja, maíz, algunas variedades de trigo, entre otros bienes naturales. Sopesaron el valor de inversión de cada elemento, mezclaron y cifraron las partes y redujeron lo que había sido una complicada fórmula matemática en un solo número: el Goldman Sachs Commodity Index.


Cuanto más alto es el precio del commodity más atractiva es la inversión. Cuanto mayor es la inversión, más riesgo hay de que el precio de la materia prima aumente ante la escasez, y los que no puedan pagar el nuevo precio lo pagarán con desnutrición y hambre, al no poder acceder a este bien. La racionalidad neoliberal establece que «todo puede ser mercantilizado y negociado».


Es necesario comprender y denunciar a las llamadas «grandes corporaciones financieras». Su único interés es el lucro, la ganancia, hablemos de alimentos, armas, medicamentos o ahora el agua.
El resultado fáctico comprobado con el paso del tiempo es siempre el mismo: el aumento sostenido de los precios.
Absurdamente la cúspide de la pirámide de la producción de alimentos la ocupan los banqueros y los corredores de bolsa que fijan el precio y paradójicamente en la base piramidal están los campesinos, los agricultores con su trabajo.


Más de la mitad del dinero de las bolsas del mundo rico, está en manos del HFT (High Frecuency Trading), la forma más extrema de especulación algorítmica o automatizada. Supercomputadoras que realizan millones de operaciones, que duran segundos o milisegundos, compran y venden sin parar aprovechando diferencias de cotización mínimas, que en esas cantidades se transforman en montañas de dinero.
Las consecuencias nefastas que ha tenido sobre el costo de los alimentos el ingreso a los mercados especulativos, es el mismo camino que se ha iniciado con el agua, la diferencia es que sobre este bien natural esencial, la especulación financiera del mercado de derivados futuro recién comienza. Al igual que con los alimentos, el inicio de este tipo de transacciones financieras fue casi silencioso. Luego vendrán las crisis fomentadas e inducidas con la consecuente alza artificial de precios.


El derecho humano al agua potable y al saneamiento fue reconocido por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 28 de Julio de 2010. Actualmente el 40% de la población mundial vive en regiones donde el agua potable es escasa. El 80% del agua residual vuelve a los ecosistemas sin haber sido tratada.
En base a datos actuales del organismo de Naciones Unidas para el agua (UN Water) el número de personas que no cuentan con servicios de agua básicos, alcanza a 844 millones. Son 2.100 millones quienes no disponen de agua potable gestionada de forma segura, mientras que 4.500 millones no tienen acceso a servicios de saneamiento gestionados en condiciones de seguridad .
De no revertirse la dirección deshumanizante impulsada por el Gran Capital, prontamente se intensificará la especulación sobre los territorios que tienen fuentes de agua, se potenciará aún más el avasallamiento de pueblos originarios en diferentes continentes, lo mismo ocurrirá con el aumento del desplazamiento de poblaciones y con el fomento de conflictos armados.


Acceder a este bien originado en nuestro planeta mucho antes que aparecieran los homínidas y mucho más aún a que se inventara “ el mundo de las finanzas” (la ciencia actual estima que el agua se formó en el planeta por diferentes vías hace unos 2.000 millones de años) es un derecho humano básico, ligado a la supervivencia de manera imprescindible, sin agua no hay salud, ni alimentos, no hay vida.
Las y los humanistas sostenemos que es imprescindible avanzar en dirección opuesta al sistema financiero internacional.
Para el nuevo humanismo existen como factores de producción, el trabajo y el capital y están demás la especulación y la usura.
Necesitamos desmercantilizar la naturaleza y sus componentes como el agua. Necesitamos una relación armónica con el medio socio-natural.
La ciencia actual puede (en la medida que se invierta y se desarrolle mucho más que en el presente) aportar en corto plazo medios alternativos para obtener más agua potable.


La ciencia y los recursos actuales permitirían en muy corto plazo disponer de agua potable para todo el género humano. Si esto no ocurre es porque la especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.
Algunos de ellos están desplegándose actualmente como los invernaderos flotantes, el agua condensada proveniente de la niebla, la desalinización y potabilización del agua de mar, y numerosos instrumentos para un uso proporcionado de este elemento vital, en beneficio de toda la especie humana.
Nuevas técnicas al servicio de los pueblos y el abandono de prácticas violentas que solo tienen el lucro como objetivo, surgen como parte de una fórmula para superar esta etapa de la prehistoria humana signada por la mercantilización de la vida, por la depredación de los recursos naturales y el desastre ambiental, por el descarte progresivo de los seres humanos.
Las y los humanistas actuamos en el campo político en el intento de impedir que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial.


El acceso al agua es un derecho humano y este líquido vital es un bien común inapropiable, imprescindible para efectivizar el derecho a la vida.
El momento actual reclama la protección de los ecosistemas y la restauración de aquellos dañados y devastados. Para esto es necesario un cambio de raíz en la matriz productiva, energética y de consumo que impone la actual cultura materialista-capitalista.

Liliana Ambrosio
Equipo de Coordinación Internacional Humanista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir Arriba